ESCENAS MAGNOLIA

MAGNOLIA

Julianne Moore en la farmacia

https://www.youtube.com/watch?v=VAhHLBEvHbE

https://www.youtube.com/watch?v=qfaYAyvLR9A (español)

Tom Cruise - Respeta y Domina

https://www.youtube.com/watch?v=8I8_fxj5ZTA&t=26s

https://www.youtube.com/watch?v=hILk5zsZZhI (español)

Julianne Moore con el abogado

https://www.youtube.com/watch?v=UA4e4FZn6ic

Tom Cruise - No voy a llorar 

https://www.youtube.com/watch?v=EseJkKZXfyI

https://www.youtube.com/watch?v=9TFKru1AH0U (español)

El padre se arrepiente

https://www.youtube.com/watch?v=-w8ctRs2IW8




Niebla de Unamuno (Cap. 31)

  

Unamuno

Al público

Cuando me anunciaron su visita sonreí y le mandé pasar a mi despacho.

Entró en él como un fantasma, miró a un enorme retrato mío al óleo que preside mi librería, y a una seña mía se sentó, frente a mí.

Empezó hablándome de mi obra, demostrando conocerla bastante bien, lo que no dejó, ¡claro está! de halagarme, y en seguida empezó a contarme su vida y sus desdichas. Había leído un ensayo mío en que, aunque de pasada, hablaba del suicidio, y no quiso dejar este mundo sin haberme conocido. Le atajé diciéndole que se ahorrase aquel trabajo, pues de las vicisitudes de su vida sabía yo tanto como él, y se lo demostré citándole los más íntimos pormenores y los que él creía más secretos. Me miró con ojos de verdadero terror y como quien mira a un ser increíble; creí notar que se le alteraba el color y la traza del semblante y que hasta temblaba. Le tenía yo fascinado.


Augusto

¡Parece mentira! ¡Parece mentira!... No sé si estoy despierto o soñando...

 

Unamuno

Ni despierto ni soñando.

 

Augusto

No me lo explico..., no me lo explico; pero puesto que pareces sabes sobre mí tanto como yo mismo, a lo mejor sabes que es lo que voy a hacer...

 

 

Unamuno

Sí. Tú, tú, abrumado por tus desgracias, has concebido la diabólica idea de suicidarte, y antes de hacerlo, movido por algo que has leído en uno de mis últimos ensayos, vienes a consultármelo.

 

(Augusto tiembla, azogado, mirando a Unamuno como un poseído. Intenta levantarse; no puede, no tiene fuerzas)

 

¡No, no te muevas!

 

Augusto

Es que..., es que...

 

Unamuno

            Es que tú no puedes suicidarte, aunque lo quieras.

 

Augusto

¿Cómo?

 

Unamuno

            Sí. Para que uno se pueda matar a sí mismo, ¿qué es menester?

 

Augusto

Que tenga valor para hacerlo

 

Unamuno

            No, ¡que esté vivo!

 

Augusto

¡Desde luego!

 

 

Unamuno

            ¡Y tú no estás vivo!

 

Augusto

¿Cómo que no estoy vivo? ¿Es que he muerto?

 

Unamuno

¡No, hombre, no! Te dije antes que no estabas despierto ni dormido, y ahora te digo que no estás ni muerto ni vivo.

 

Augusto

¡Acabe usted de explicarse de una vez, por Dios! ¡Acabe de explicarse!

Porque son tales las cosas que estoy viendo y oyendo esta tarde, que temo volverme loco.

 

Unamuno

Pues bien: la verdad es, querido Augusto, que no puedes matarte porque no estás vivo, ni tampoco muerto, porque no existes...

 

Augusto

¿Cómo que no existo?

 

Unamuno

No, no existes más que como ente de ficción; no eres, pobre Augusto, más que un producto de mi fantasía y de las de aquellos de mis lectores que lean el relato que de tus fingidas venturas y malandanzas he escrito yo; tú no eres más que un personaje de novela, o de nivola, como quieras llamarle. Ya sabes, pues, tu secreto.

 

Augusto

(pausa larga, mirando a Unamuno y todo lo que le rodea, pensando)

Mire usted bien, don Miguel..., no sea que esté usted equivocado y que ocurra precisamente todo lo contrario de lo que usted se cree y me dice.

 

Unamuno

Y ¿qué es lo contrario?

 

Augusto

No sea, mi querido don Miguel que sea usted y no yo el ente de ficción, el que no existe en realidad, ni vivo ni muerto... No sea que usted no pase de ser un pretexto para que mi historia llegue al mundo...

 

Unamuno

¡Eso más faltaba!

 

Augusto

No se exalte usted así, señor de Unamuno, tenga calma. Usted ha manifestado dudas sobre mi existencia...

 

Unamuno

Dudas, no; certeza absoluta de que tú no existes fuera de mi producción novelesca.

 

Augusto

Bueno, pues no se incomode tanto si yo a mi vez dudo de la existencia de usted y no de la mía propia. Vamos a cuentas: ¿no ha sido usted el que no una, sino varias veces, ha dicho que Don Quijote y Sancho son no ya tan reales, sino más reales que Cervantes?

 

Unamuno

No puedo negarlo, pero mi sentido al decir eso era...

 

Augusto

Bueno, dejémonos de esos sentires y vamos a otra cosa. Cuando un hombre dormido e inerte en la cama sueña algo, ¿qué es lo que más existe? ¿él como conciencia que sueña, o su sueño?

 

Unamuno

¿Y si sueña que existe él mismo, el soñador?

 

Augusto

En ese caso, amigo don Miguel, le pregunto yo a mi vez: ¿de qué manera existe él, como soñador que se sueña, o como soñado por sí mismo? Y fíjese, además, en que al admitir esta discusión conmigo me reconoce ya existencia independiente de sí.

 

Unamuno

¡No, eso no! ¡Eso no! Yo necesito discutir, sin discusión no vivo y sin contradicción, y cuando no hay fuera de mí quien me discuta y contradiga, invento dentro de mí quien lo haga. Mis monólogos son diálogos.

 

Augusto

Y acaso los diálogos que usted forje no sean más que monólogos...

 

Unamuno

Puede ser. Pero te digo y repito que tú no existes fuera de mí...

 

Augusto

Y yo vuelvo a insinuarle a usted la idea de que es usted el que no existe fuera de mí y de los demás personajes a quienes usted cree haber inventado. Seguro estoy de que serían de mi opinión don Avito Carrascal y el gran don Fulgencio...

 

Unamuno

No mientes a ese...

 

Augusto

Bueno, basta; no le moteje usted. Y vamos a ver, ¿qué opina usted de mi suicidio?

 

Unamuno

Pues opino que como tú no existes más que en mi fantasía, te lo repito, y como no debes ni puedes hacer sino lo que a mí me dé la gana, y como no me da la real gana de que te suicides, no te suicidarás. ¡Lo dicho!

 

Augusto

Eso de no me da la real gana, señor de Unamuno, es muy español, pero muy feo. Y además, aun suponiendo su peregrina teoría de que yo no existo de veras y usted sí, de que no soy más que un ente de ficción, producto de la fantasía novelesca o nivolesca de usted, aun en ese caso yo no debo estar sometido a lo que llama usted su real gana, a su capricho. Hasta los llamados entes de ficción tienen su lógica interna...

 

Unamuno

Sí, conozco esa cantata.

 

Augusto

En efecto; un novelista, un dramaturgo, no pueden hacer en absoluto lo que se les antoje de un personaje que creen; un ente de ficción novelesca no puede hacer, en buena ley de arte, lo que ningún lector esperaría que hiciese...

 

Unamuno

Un ser novelesco tal vez...

 

Augusto

¿Entonces?

 

Unamuno

Pero un ser nivolesco...

 

Augusto

Dejemos esas bufonadas que me ofenden y me hieren en lo más vivo. Yo, sea por mí mismo, según creo, sea porque usted me lo ha dado, según supone usted, tengo mi carácter, mi modo de ser, mi lógica interior, y esta lógica me pide que me suicide...

 

Unamuno

¡Eso te creerás tú, pero te equivocas!

 

Augusto

A ver, ¿por qué me equivoco? ¿En qué me equivoco? Muéstreme usted en qué está mi equivocación. Como la ciencia más difícil que hay es la de conocerse a uno mismo, fácil es que esté yo equivocado y que no sea el suicidio la solución más lógica de mis desventuras, pero demuéstremelo usted. Porque si es difícil, amigo don Miguel, ese conocimiento propio de sí mismo, hay otro conocimiento que me parece no menos difícil que él...

 

Unamuno

¿Cuál es?

 

Augusto

Pues más difícil aún que el que uno se conozca a sí mismo es el que un novelista o un autor dramático conozca bien a los personajes que finge o cree fingir... E insisto en que aun concedido que usted me haya dado el ser y un ser ficticio, no puede usted, así como así y porque sí, porque le dé la real gana, como dice, impedirme que me suicide. (Unamuno pierde la paciencia)

 

Unamuno

¡Bueno, basta! ¡Basta! ¡Cállate! ¡No quiero oír más impertinencias!... ¡Y de una criatura mía! Y como ya me tienes harto y además no sé ya qué hacer de ti, decido ahora mismo no ya que te suicides, sino matarte yo. ¡Vas a morir, pues, pero pronto! ¡Muy pronto!

 

Augusto

¿Cómo? ¿Que me va a dejar usted morir, a hacerme morir, a matarme?

Unamuno

¡Sí, voy a hacer que mueras!

 

Augusto

¡Ah, eso nunca! ¡Nunca! ¡Nunca!

 

Unamuno

¡Ah! ¿Conque estabas dispuesto a matarte y no quieres que yo te mate? ¿Conque ibas a quitarte la vida y te resistes a que te la quite yo?

 

Augusto

Sí; no es lo mismo...

Unamuno

En efecto, he oído contar casos análogos. He oído de uno que salió una noche armado de un revólver y dispuesto a quitarse la vida; salieron unos ladrones a robarle, le atacaron, se defendió, mató a uno de ellos, huyeron los demás, y al ver que había comprado su vida por la de otro renunció a su propósito.

 

Augusto

Se comprende; la cosa era quitar a alguien la vida, matar a un hombre, y ya que mató a otro, ¿a qué había de matarse? Los más de los suicidas son homicidas frustrados; se matan a sí mismos por falta de valor para matar a otros...

 

Unamuno

¡Ah, ya te entiendo, Augusto, te entiendo! Tú quieres decir que si tuvieses valor para matar a Eugenia o a Mauricio, o a los dos, no pensarías matarte a ti mismo, ¿eh?

 

Augusto

¡Mire usted, precisamente a esos... no!

Unamuno

¿A quién, pues?

Augusto

¡A usted!

 

Unamuno

¿Cómo? ¿Cómo? Pero, ¿se te ha pasado por la imaginación matarme?, ¿tú?, ¿y a mí?

 

Augusto

Siéntese y tenga calma. ¿O es que cree usted, amigo don Miguel, que sería el primer caso en que un ente de ficción, como usted me llama, matara a quien creyó darle el ser... ficticio?

 

Unamuno

¡Esto ya es demasiado, esto pasa de la raya! Esto no sucede más que...

Augusto

Más que en las nivolas

 

Unamuno

¡Bueno, basta! ¡Basta! ¡Basta! ¡Esto no se puede tolerar! ¡Vienes a consultarme a mí, y tú empiezas por discutirme mi propia existencia, después el derecho que tengo a hacer de ti lo que me dé la real gana, sí, así como suena, lo que me dé la real gana, lo que me salga de...!

 

Augusto

No sea usted tan español, don Miguel...

 

Unamuno

¡Y eso más, mentecato! ¡Pues sí, soy español, español de nacimiento, de educación, de cuerpo, de espíritu, de lengua y hasta de profesión y oficio; español sobre todo y ante todo, y el españolismo es mi religión, y el cielo en que quiero creer es una España celestial y eterna, y mi Dios un Dios español, el de Nuestro Señor Don Quijote; un Dios que piensa en español y en español dijo: ¡sea la luz!, y su verbo fue verbo español...!

 

Augusto

Bien, ¿y qué?

 

Unamuno

Y luego has insinuado la idea de matarme. ¿Matarme? ¿A mí? ¿Tú? ¡Morir yo a manos de una de mis criaturas! No tolero más. Y para castigar tu osadía y esas doctrinas disolventes, extravagantes, anárquicas, con que te me has venido, resuelvo y fallo que te mueras. En cuanto llegues a tu casa te morirás. ¡Te morirás, te lo digo, te morirás!

 

Augusto

Pero ¡por Dios!

(tembloroso y pálido)

 

Unamuno

No hay Dios que valga. ¡Te morirás!

(implacable)

 

Augusto

Es que yo quiero vivir, don Miguel, quiero vivir, quiero vivir...

Unamuno

¿No pensabas matarte?

 

Augusto

¡Oh, si es por eso, yo le juro, señor de Unamuno, que no me mataré, que no me quitaré esta vida que Dios o usted me han dado; se lo juro... Ahora que usted quiere matarme, quiero yo vivir, vivir, vivir...!

Unamuno

¡Vaya una vida! (con pena)

 

Augusto

Sí, la que sea. Quiero vivir, aunque vuelva a ser burlado, aunque otra Eugenia y otro Mauricio me desgarren el corazón. Quiero vivir, vivir, vivir...

 

Unamuno

No puede ser ya..., no puede ser...

 

Augusto

Quiero vivir, vivir... y ser yo, yo, yo.

Unamuno

Pero si tú no eres sino lo que yo quiera...

 

Augusto

¡Quiero ser yo, ser yo! ¡Quiero vivir!

 

Unamuno

No puede ser..., no puede ser...

 

Augusto

Mire usted, don Miguel, por sus hijos, por su mujer, por lo que más quiera... Mire que usted no será usted..., que se morirá...

(de rodillas)

¡Don Miguel, por Dios, quiero vivir, quiero ser yo!

 

Unamuno

¡No puede ser, pobre Augusto -le dije, cogiéndole de una mano y levantándole-, no puede ser! Lo tengo ya escrito y es irrevocable; no puedes vivir más. No sé qué hacer ya de ti. Dios, cuando no sabe qué hacer de nosotros, nos mata. Y no se me olvida que pasó por tu mente la idea de matarme...

 

Augusto

Pero si yo, don Miguel...

 

Unamuno

No importa; sé lo que me digo. Y me temo que, en efecto, si no te mato pronto acabes por matarme tú.

 

Augusto

Pero ¿no quedamos en que...?


Unamuno

No puede ser, Augusto, no puede ser. Ha llegado tu hora. Está ya escrito y no puedo volverme atrás. Te morirás. Para lo que ha de valerte ya la vida...

 

Augusto

Pero ¡por Dios!...

 

Unamuno

No hay pero ni Dios que valgan. ¡Vete!

 

Augusto

¿Conque no, eh? ¿Conque no? No quiere usted dejarme ser yo, salir de la niebla, vivir, vivir, vivir, verme, oírme, tocarme, sentirme, dolerme, serme. ¿Conque no lo quiere? ¿Conque he de morir ente de ficción? Pues bien, mi señor creador don Miguel, también usted se morirá, también usted, y se volverá a la nada de que salió... ¡Dios dejará de soñarle! ¡Se morirá usted, sí, se morirá, aunque no lo quiera; se morirá usted y se morirán todos los que lean mi historia, todos, todos, sin quedar uno! ¡Entes de ficción como yo; lo mismo que yo! Se morirán, todos, todos, todos. Os lo digo yo, Augusto Pérez, ente ficticio como vosotros, nivolesco, lo mismo que vosotros. Porque usted, mi creador, mi don Miguel, no es usted más que otro ente nivolesco, y entes nivolescos sus lectores, lo mismo que yo, que Augusto Pérez, su víctima...


Unamuno

¿Víctima?

 

Augusto

¡Víctima, sí! ¡Crearme para dejarme morir! ¡Usted también se morirá! El que crea se crea y el que se crea se muere. ¡Morirá usted, don Miguel; morirá usted y morirán todos los que me piensen! ¡A morir, pues!


Unamuno

(a público)

Este supremo esfuerzo de pasión de vida, de ansia de inmortalidad, le dejó extenuado al pobre Augusto. Le empujé a la puerta, por la que salió cabizbajo, mientras se tanteaba, como si dudase ya de su propia existencia. Yo, cerré la puerta y me enjugué una lágrima furtiva. 

AMADEUS

SALIERI

¡En el papel no parecía...... gran cosa!  El comienzo, sencillo, casi cómico. Una cadencia. Fagotes, clarinetes......como una oxidada caja de ruidos. Y luego, de repente......sobre ellos......un oboe. Una sola nota, suspendida, firme. Hasta que......un clarinete toma su lugar... ...endulzándolo a una frase de tal deleite. Ésta no fue una composición de un mono de farándula. Ésta era una música que jamás había oído. Llena de tanto anhelo, tanto anhelo irrealizable. Parecía que escuchaba la voz de Dios. Pero, ¿por qué? ¿Por qué elegiría Dios un joven obsceno como su instrumento? Es excepcional. Esa obra tenía que ser una casualidad. Tenía que ser así. Esperaba que fuera así. Pero aquella noche me demostró todo lo contrario… (ANALEPSIS/flashback)

 

MOZART

¿Qué ha pasado?

SALIERI

Os ha traído esto. Y si acabáis la obra para mañana por la noche... os pagará otros 100 ducados.

MOZART

¿Otros...? ¡Es demasiado pronto! Mañana por la noche... ¡Eso es imposible! ¿Dijo otros 100?

SALIERI

Sí.

MOZART

¡Es demasiado pronto!

SALIERI

¿Queréis...? ¿Qué os ayude yo?

MOZART

¿Lo haríais? Seguro que si vos…

SALIERI

Lo haría encantado

 

 

 

MOZART

¿Dónde estaba?

SALIERI

El final del Recordare. Estatue sin parte dexte

MOZART

¡Ya! Ahora, Confutatis maledictis. Cuando los perversos maldicen... Flammis acribus addictis ¿Cómo traduciríais eso?

 

SALIERI

"Condenados a las llamas del infortunio "

MOZART

¿Creéis que existe?

SALIERI

¿En qué?

MOZART

Un fuego que nunca se extingue, quemándonos para siempre.

SALIERI

Sí.

MOZART

¿Es posible?

SALIERI

Vamos, empezad.

MOZART

Terminamos en Fa mayor.

SALIERI

Sí.

MOZART

Ahora, La menor.    La menor.

SALIERI

Sí. Confutatis. La menor

 

MOZART

Empiezan las voces. Primero los bajos. 2ª parte del 1er compás 

SALIERI

¿qué compás?

MOZART

4x4. 2ª parte del 1er compás.       En La. “Confutatis”. 2º compás, 2ª parte “maledictus” ¿Lo entendéis?

SALIERI

Sí. Sí. Re sostenido

 

MOZART

¡Claro! 2ª parte del 3er compás en Mi. “flami atribus amicis” Silencio. Maledictus, famis atribus adicus”

SALIERI

famis atribus adicus”

MOZART

¿Lo habéis tomado?

SALIERI

   Sí, creo

MOZART

   A ver 

 

VOCES

Confutatis maledictis,Flammis acribus addictis,

Maledictis

Flammis acribus addictis,

 

MOZART

Bien, bien. Ahora los tenores. 4ª parte del 1er compás en Do. “Confutatis” 2º compás, 4ª parte , Re “maledictis” ¿lo cogéis?

 

SALIERI

Sí, sí, continuad

MOZART

2ª parte del 4º compás en Fa “flammis acribus addictis” flammis acribus addictis”. Ahora la orquesta, 2º fagot y trombones bajos con los bajos, idénticas notas y ritmos. “pumpumpumpum” “pumpumpumpum”  1er fagot y trombones con los tenores pum pum pum, pum pum pum pum

SALIERI

Vais muy deprisa

MOZART

¿Lo tenéis ya? 

SALIERI

muy deprisa

MOZART

Continuo

SALIERI

¿1er fagot y trombones tenores?

MOZART

Con los tenores

SALIERI

¿idéntico?

MOZART

Pues claro, los instrumentos doblando las voces. Ahora, trompetas y timbales. Trompetas en Re

SALIERI

No, no

MOZART

Oídme, trompetas en Re

SALIERI

No, no lo entiendo

MOZART

Oídme, trompetas en Re. Tónica dominante, 1ª y 3ª parte

SALIERI

No,

 

MOZART

Va bien con la armonía. Pum Pum pum pum

SALIERI

Sí, Sí, sí.

MOZART

Lam - pum

SALIERI

Sí, sí, 

MOZART

Lam - pum

SALIERI

Sí, sí, lo entiendo. Sí, sí, sí ¿Es eso todo?

 

MOZART

No, ahora viene el fuego de verdad. La cuerda al unísono, oscinato en La, así (narananana, narananana), Los compases siguientes increscendo. narananana, narananana,  Sí, ¿lo habéis cogido?

SALIERI

Sí, sí, sí, sí.

MOZART

Mostrádmelo

SALIERI

Pararampapan, pararampapa, grandioso

MOZART

Sí, sí. Seguid. “Voca me”. Sotovocce. Escribid eso “sotovocce” Pianisimo

SALIERI

Sí, sí, sí, pianisimo

MOZART

Voca me cum benedictus “Llamadme entre los elegidos” Do mayor, las sopranos y contraltos en 3ª; altos en Do, sopranos por encima “Voca me” Voca me cum benedictus Oro supplex et acclinis,

SALIERI

Sopranos arriba hasta el Fa, ¿en el 2º “voca”?

MOZART

Sí, sí. Y en “dictus” Por debajo solo violines, arpegios. (nanananianana) Escala descendiente en corcheas y luego volvemos al oscilatto y ya está ¿me habéis seguido?

SALIERI

Demasiado rápido

MOZART

¿Lo tenéis?

SALIERI

Muy deprisa. Un momento, por favor, un momento. Ya está

MOZART

Bien, enséñamelo. Todo, desde el principio. 

 

Confutatis maledictis,Flammis acribus addictis,Flammis acribus addictis,Flammis acribus addictis,Voca me,Voca me cum benedictus.Confutatis maledictis,Flammis acribus addictis,Flammis acribus addictis,Flammis acribus addictis.Voca me cum benedictus,Voca me,Voca me,Voca me cum benedictus.Oro supplex et acclinis,Cor contritum quasi cinis,Gere curam,Gere curam mei finis.

 

¿Queréis descansar?

SALIERI

- No. No, es mejor seguir. 

MOZART

- Paremos un momento. Luego terminaremos la Lacrimosa.

SALIERI

- Puedo seguir, os lo aseguro.

MOZART

- ¿Os quedareis conmigo mientras duermo un rato?  

SALIERI

- ¡No os dejaré!

MOZART

- Siento vergüenza.

SALIERI

- ¿Por qué?

MOZART

- He sido un estúpido. Creí que no os gustaba ni mi trabajo, ni yo. Perdonadme. Perdonadme.


del 2.15 al 2.25

https://www.youtube.com/watch?v=HL_AS2PKtlw



 







MOMENTO DE DECISIÓN

 Emma:           (Al barman) Champagne, por favor

 

Deedee:        ¿Te acuerdas de los cuentos de hadas que nos turnábamos para leerle a Emilia? ¿Cómo el de las dos princesas? Cada vez que una abría la boca, salían diamantes y rubíes. Cada vez que la otra abría la boca salían ranas y sapos. Ranas y sapos saliendo.

 

Emma:           Uno de esos pequeños sapos ya hizo una aparición.

 

Deedee:        ¿En serio? ¿Cuándo?

 

Emma:           En mi camerino. Cuando dijiste que no debería haberle comprado ese vestido a Emilia. Dos veces lo dijiste. Justo antes de una representación... Que bailé mejor esta de lo que lo había hecho en años.

 

Deedee:        Eso dicen.

 

Emma:           ¿Ah, otro sapito! Embotellaste unos cuantos durante todos estos años. ¿no?

 

Deedee:        Oh, embalsamado, en realidad.

 

Emma:           Creo que no. ¿Por qué no los dejas salir? Yo no tengo función mañana.

 

(Deedee deja el vaso y estira los brazos hacia delante con los puños cerrados)

 

Deedee:        Esta bien. Elige.

 

(Emma deja el vaso y señala un puño. Deedee lo abre)

 

Deedee:        Ah, uno chiquitito, casi lo había olvidado. ¿Por qué hiciste que tu mejor amiga dudará de si misma y de su marido, Emma? ¿Por qué arruinaste su matrimonio? ¿Por qué dijiste: “Mejor ten el bebé. Es la única manera que tienes para conseguir a Wayne”? Solo siento curiosidad.

 

Emma:           Tienes una curiosa memoria, pero ¿no la tenemos todos? Como yo lo recuerdo, dije que si tenías un aborto, podías perder a Wayne.

 

Deedee:        Dulce, pero incorrecta. Yo recordé tus palabras exactas durante todos estos años. Finalmente, descubrí por qué las dijiste. Porque también dijiste: “Olvídate del Michael´s Ballet, va a haber otros” ¡Tan astuta, piececitos de oro! Tu sabías que un ballet como ese se da una vez en la carrera. Lo querías desesperadamente y mentiste para asegurarte de que lo tendrías.

 

Emma:           Nunca tuve que mentir para obtener lo que quise, Deedee, soy demasiado buena.

 

Deedee:        ¿En serio?

 

Emma:           Oh, si.

 

Deedee:        Bueno, supongo que si dijeras “mierda” lo dirías en francés.

 

Emma:           Si esa palabra me surgiera tan fácilmente como a ti, ya la habría usado varias veces, en castellano. Yo creo que es más apropiado que te la digas a ti misma, por tratar de culparme por lo que hiciste, por ejemplo. La elección fue tuya. Es muy tarde para arrepentirse ahora, Deedee.

 

Deedee:        Lo mismo para ti, Emma querida.

 

Emma:           Sin duda, yo no lamento mi vida.

 

Deedee:        Entonces ¿Por qué tratas de ser madre a tu edad?

 

Emma:           Oh, ese no es un sapito, es una rana bastante grande. No quiero ser la madre de nadie. Pienso en Emilia como en una amiga. Y una de las razones por las que traté de ayudar ¡Que estúpida! fue porque pensé que te haría feliz que tu hija fuera lo que tu quisiste y no pudiste ser.

 

Deedee:        Refiriéndote a ti. Es tan bonito ser tu.

 

Emma:           Obviamente tú crees eso.

 

Deedee:        ¡Oh no, no, no, no!

 

Emma:           ¿No, no, no, no?

 

Deedee:        No. Y dudo que Emilia pueda ser como tu, tiene tanto talento como tu, trabaja tanto como tu, pero hay una cosa, querida, que tu eres y que ella, pobrecita, no lo es.

 

Emma:           Te suplico que me digas que es.

 

Deedee:        Despiadada. Eres capaz de pasar por encima de cualquiera, pero eso ni si quiera te quita el sueño. Eso es lo que te llevó donde estás Emma.

 

(Sonríe encantadoramente, Emma le devuelve la sonrisa, termina su copa, le da el vaso al barman, sigue sonriendo hasta que se lo vuelve a llenar, y lo levanta. Ambas sonríen, casi ríen cuando Emma mira el trago, mira a Deedee y le tira el champagne a la cara. Después Deedee apoya el vaso.)

 

Deedee:        Buena chica.

 

(Coge su bolso y se va hacia la salida. La fría reacción de Deedee enfurece a Emma. Deja su vaso y va detrás de Deedee, a la terraza)

 

Emma:           Estoy harta de tus celos y tu resentimiento.

 

Deedee:        Yo también.

 

Emma:           Entonces deja de culparme por tu mierda de vida. Tú la elegiste.

 

Deedee:        Tú lo hiciste. Me quitaste la elección, no me diste la oportunidad de averiguar si era buena.

 

Emma:           Te lo puedo decir ahora: no lo eras. Tú lo sabías y por eso te casaste con Wayne.

 

Deedee:        Lo quería.

 

Emma:           ¿Tanto como para mandar a la mierda tu carrera?

 

Deedee:        ¡Si!

 

Emma:           Miéntete a ti misma, pero no a mi. Te casaste porque sabías que eras de segunda. ¡Y te embarazaste porque Wayne era bailarín y antes del musical Eliot eso significaba ser maricón!

 

Deedee:        ¡No lo era!

 

Emma:           ¿Todavía tienes miedo de que alguien lo crea? ¡Estabas aterrorizada! Tenías que probar que él era un hombre ¡Por eso tuviste un bebé!

 

Deedee:        Eso es una mentira de mierda

 

Emma:           ¡Eso es una verdad de mierda! ¡Lo ataste con un bebé y arruinaste su carrera! Y ahora que ella es mayor y mejor bailarina que tu ¡Estás celosa!

 

Deedee:        Eres una mentirosa. Harías cualquier cosa como excusa.

 

Emma:           ¿Y esto es una excusa para qué?

 

Deedee:        ¡Para robarme a mi hija!

 

Emma:           ¡Te devuelvo el cumplido: tú eres la mentirosa!

 

Deedee:        Y usas a la gente ¡Lo hiciste toda la vida! A mi, a Michael – fingiendo que lo querías – Adelaide, ahora a Emilia.

 

Emma:           ¿Cómo a Emilia?

 

Deedee:        “Como a Emilia” El despliegue que hiciste hace 5 minutos: reverencia, aplauso Abrazo Para ti, no para ella. La usas para que todo el mundo diga: “Emma es tan grande, Emma es tan magnífica”

 

Emma:           ¡Falso!

 

Deedee:        ¡Eres magnífica! ¡Eres asombrosa! Es increíble como sigues. Estas del otro lado de la montaña; lo sabes y estás aterrorizada. Todo lo que tienes son los álbumes de recorte, tus viejas zapatillas y esos estúpidos y ridículos perros ¿Con qué te vas a llenar ahora?, ¿con Emma? No con mi hija. ¡Saca tus asquerosas manos de ella!

 

Emma:           Soy mejor para ella que tú.  Ella me buscó a mí porque su madre no estaba. Su madre estaba demasiado preocupada retorciéndose el cerebro.

 

Deedee:        ¡Hija de puta!

 

                        (Le pega a Emma con la cartera. Se pelean a carterazos. Terminan exhaustas y se quedan paradas respirando fuerte. Deedee, sonríe.)

 

 

Deedee:        Si hubiera un fotógrafo a mano, tendrías una nueva carrera.

 

Emma:           Debo estar horrible

 

Deedee:        No, guapísima, no sé como lo haces.

 

Emma:           (Saca un espejo y se mira) Si me prestaras un peine, te enseño. ¡Ah, perdí un pendiente!

 

Deedee:        (Dándole el peine) Lo siento.

 

Emma:           Yo no

 

Deedee:        ¿En serio?

 

Emma:           Si

 

                        (Emma devuelve el peine y empiezan a caminar buscando el pendiente. Ahora están tranquilas)

 

Deedee:        Los celos son veneno. Te transforman en un monstruo.

 

Emma:           Bueno, hace que uno sea injusto. (Sonríe) Dos.

 

Deedee:        ¿Dos?

 

Emma:           Yo también.

 

Deedee:        Dijiste algunas bastante buenas. ¡Oh, mira!

 

                        (Encuentra el pendiente y se lo da a Emma)

 

Emma:           ¿Cómo llegó hasta aquí? Gracias.

 

Deedee:        Me diste unos buenos golpes

 

Emma:           Tu también

 

Deedee:        ¿Nos sentamos?

 

Emma:           Por favor. (Se sientan). No recuerdo que fue lo que dije con respecto a tener el bebé. Pero sé que hubiera hecho cualquier cosa para asegurarme la entrada al ballet... tenía que hacerlo. Deedee, tenía que hacerlo.

 

Deedee:        Dios mío. Oh, Emma, Emma, yo no sabía cuanto deseaba oírte decir eso. ¡Tomemos algo!

 

Emma:           ¡Absolutamente!

 

(Se levantan y se toman del brazo)

 

Emma:           Es sano.

 

Deedee:        Seguro

 

Emma:           Me alegra que venga Wayne

 

Deedee:        A mi también....

 

Emma:           ¿Como va todo? (Deeedee hace un gesto de asco) Eso es mierda en francés (Emma se levanta)

 

Deedee:        ¿No volverás a la fiesta, ¿no?

 

Emma:           Tengo que hacerlo

 

Deedee:        Dios, ¡qué energía! Llámame cuando te despiertes. Sí, no antes.

 

FIN